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Presentadora: Becs Williams

Ich gebe es zu, ich bin ein schlechter Beifahrer.

Keine Frage – ich bin ein extrem schlechter Beifahrer.

Ich habe kein Vertrauen, wenn ich nicht selbst am Steuer sitze. Mein Fuß zuckt andauern und möchte das Sicherheitsbremspedal durchtreten, weil ich denke, der Fahrer kann nicht schnell genug reagieren.

Nicht dass ich Geschindigkeit hassen würde. Ich liebe Speed, aber ich liebe auch die Kontrolle.

Also muss ich gestehen, wenn man mich fragen würde, ob ich in ein WRC-Auto steigen und über eine Schotterprüfung rasen würde, ohne dabei selbst Kontrolle zu haben, dann würde ich ablehnen.
Ich befürchte, ich würde das Auto mitten auf der Wertungsprüfung zum Stoppen zwingen, hinaus hüpfen und davonlaufen.

Natürlich weiß ich, dass das total irrational ist.

Also habe ich mich nach 13 Jahren in der WRC überwunden und ‚Ja‘ gesagt zu einer Fahrt als Co-Pilotin. Seit dem Tag, an dem ich ‚Ja‘ gesagt habe – das ist nun etwa vier Wochen her – spielte sich das Szenario, wie ich ‚Stopp das Auto – JETZT!‘ rufe immer wieder in meinem Kopf ab.

Aber es kommt der Zeitpunkt, an dem du deine Angst und all den Respekt, den du über die Jahre aufgebaut hast, beiseite legen musst, oder?

Der 30. März war jener Tag, der wahrscheinlich der aufregendste in meinem Leben werden sollte und er rückte ziemlich schnell näher.
Mit nur drei WRC-Events auf dem Buckel war es das Hyundai Shell World Rally Team, das mich auf eine Co-Piloten-Erfahrung an der Seite von Thierry Neuville und Juho Hanninen einlud. Zuerst nahmen wir den Fafe-Rallye-Sprint in Angriff, der – wie immer – ein spektakuläres Ereignis mit 100.000 Zuschauern war.

Hyundai behielt die genaue Passage unserer Fahrt für sich, erst beim Essen mit dem Team am Samstagabend wurde enthüllt, dass es über die letzten zwei Kilometer der WP gehen sollte.
Ich war erfreut, denn die Stage ist eine herrliche und für mein erstes Mal war sie perfekt.

Dann kehrte meine irrationale Angst zurück. Ich rief mir den berühmten Sprung wieder ins Gedächtnis, denn ich oft genug gesehen hatte. Diesen riesigen Sprung. Ja, genau diesen.
Ich in einem Auto, über diesen Sprung.

Hätte ich auf meine Angst gehört, hätte ich mich wohl zum nächsten Flughafen aufgemacht.

Als ich am nächsten ankam, wurden wir vom Hyundai-PR-Team empfangen, Nicoletta und Thomas kümmerten sich um uns.

Wir wurden in ein großes, weißes Hospitality-Zelt geführt, mit einem Buffet (glaubt nicht, dass ich etwas essen hätte können) und Hyundai-gebrandeten Umkleiden. Gleich daneben lag der kleine Service-Bereich, indem der Hyundai i20 WRC bereit gemacht wurde. Und in der Ferne sah man schon den berühmten Fafe-Sprung.
Nach der Reihe kamen die Journalisten zurück – und lächelten. Ihr glaubt, dass hätte mich beruhigt?

FALSCH.

Niemand hatte gesagt ‚Stopp das Auto‘. Hätte nicht irgendjemand heulen können? Dann wäre es mir besser gegangen.

Ich war die Letzte, die mit Thierry auf die Strecke ging. Ich wurde in das Auto gesetzt und an den Sitz gezurrt. Thierry kam, sprang ins Auto und war sofort bereit.

Er bemerkte, dass es mein erstes Mal war und war überrascht, dass ich das noch nie zuvor gemacht hatte.

Als Thierry seine letzten Checks machte, bemerkte ich etwas neben mir – eine zusammengefaltete Plastiktüte. Ich sagte den Mechanikern, dass sie etwas vergessen hatten, doch Thierry meinte: ‚Nein, die ist für dich.‘

‚Solch ich es beim ersten Lauf ruhig angehen lassen‘, fragte er. ‚Nein, gib Vollgas‘, sagte meine kranke, von Angst geprägte Stimme. ‚Keine Sorge, ich weiß was ich tue‘, beschwichtigte Thierry.

Als wir auf die Startlinie zurollten, war mein Gefühl, keine Kontrolle zu haben verschwunden. Pure Aufregung verdrängte sie.

Der Sound des Autos und das Gefühl beim Start waren atemberaubend. Alles passiert so schnell, dein Kopf hat Probleme das Tempo mitzugehen.

Es ist die rohe Geschwindigkeit, gepaart mit schnellen Reaktionen. Zu Sprechen war nicht möglich, aber ich hätte auch nicht erwartet, dass ich so schreien würde. Es war einfach so aufregend.

Wird legten Drifts hin, die Sprünge waren enorm, Thierry machte ‚Donuts‘ – ich habe jede Sekunde genossen. Ich war gerade 15 Minuten draußen aus dem Auto, als ich zum zweiten Lauf mit Juho wieder einstieg.

Als wir zum Start fuhren, fing es an zu regnen. ‚Ich glaube, wir brauchen die Scheibenwischer‘, sagte Juho, ‚wo ist der Knopf für die Dinger‘, scherzte er. Er ging die Strecke aggressiv an, es war berauschend.

Ich habe nicht gesagt ‚Stopp das Auto – JETZT!‘, aber ich sagte ‚Stopp das Auto nicht –NIE!‘

Bec’s Blog

Soy la primera en admitir que soy una mala pasajera en un coche.

No, en realidad, soy una muy mala pasajera en un coche.

Tengo poca confianza por el que conduce, excepto si soy yo, por supuesto. Mi pie tiene el instinto de frenar con un pedal imaginario en el lado del pasajero, que como supongo le ocurre a los demás copilotos, simplemente no hace reaccionar al coche.

No es odie la velocidad, es más, me encanta, pero también me gusta tener el control.

Así que, cuando me preguntan si me gustaría saltar con un World Rally Car en un tramo de tierra a toda velocidad, normalmente contesto que no.

Mi mayor temor es pensar en que el coche se para en medio de un tramo y hay que salir corriendo de él, a gran velocidad.

Sin embargo, sé que esto es completamente irracional.

Así, después de casi 13 años en el WRC, finalmente me decidí a decir “sí” a subirme a una de estas máquinas.

Desde el día que dije que sí, fue hace más de un mes, en mi cabeza he estado escuchando voces que me repetían “Para el coche ahora”.

Pero llega un momento en que solo hay tienes miedo a hacer el ridículo y echar por tierra toda tu reputación que has construido en los últimos años.

¿Verdad? El 30 de marzo fue la fecha fijada para posiblemente el día más vergonzoso de mi vida y este llegó rápidamente.

Con solo tres pruebas del WRC en su haber, fue el Shell World Rally Team quien me invitó a sentarme en el puesto de “copiloto”, justo al lado de Thierry Neuville y Juho Hanninen. Primero de todo, estuve en el Fafe Rallysprint, que como siempre fue un espectáculo increíble que atrajo a más de 100.000 seguidores.

En él, pude ver como los World Rally Cars volaban en el mítico salto de Fafe. No me daba cuenta que mis “oouffff” y el de mis compañeros periodistas al día siguiente serían dentro de un Hyundai i20 WRC.

La marca coreana no nos quiso desvelar donde haríamos las pasadas. Pero finalmente nos desvelaron que la ubicación exacta eran los dos últimos kilómetros del tramo de Fafe. Me acuerdo que los otros periodistas estaban encantados con ello y yo pensé que era una especial mítica, por lo que mi primera vez sería épica.

Desde ese mismo instante, en mi cabeza solo pasaban imágenes de los tremendos saltos que había vivido el día anterior. El gran salto.

Sí, ese mismo. Yo con un coche, en ese salto.

Sin poder salir del coche cuando vuela y sin poder salir corriendo. ¡Nooooo!

Si hubiera escuchado a mis miedos, probablemente me habría ido pitando al aeropuerto más cercano. Sin embargo, me levanté dispuesta a aplastar todos mis temores.

Fuimos recibidos por el equipo de prensa de Hyundai, Nicoletta y Thomas, que estaban tan entusiasmados como los periodistas, ya que era la primera experiencia de copilotaje que organizaba el equipo.

Nos acompañaron a una gran carpa blanca donde había un área para comer y monos de competición de “Hyundai”.

Junto a esta pequeña asistencia, estaba el Hyundai i20 WRC preparado y a lo lejos, el famoso salto de Fafe.

El periodista español Fernando Albes fue el primer en subirse al i20 WRC. Neuville estaba dispuesto a hacer un buen test y dio un gran salto. La volada fue espectacular, nos quedamos todos de piedra, en ese momento tenía un 50 por ciento de miedo y un 50 por ciento de emoción.

Cada periodista que se subió al coche elogio a Thierry y todos se bajaban sonriendo. ¿Me sentiría mejor por ello?

Nada más lejos de la realidad.

El hecho de que nadie le dijese a Neuville, “para el coche ahora” en mitad del tramo significaba que yo podía hacer el ridículo.

Me subí al coche fijando correctamente el dispositivo HANS de mi casco. Subí de mala gana, es verdad, y rápidamente me até los arneses.

Thierry llegó, dio un salto y se sentó.

Le habían dicho minutos antes que era mi primera vez y se sorprendió mucho.

Tras hacer las revisiones finales, me dio una bolsa de plástico plegada. Me avisó que algunos mecánicos le dijeron que me la diera, no pude hacer otra cosa que sonreír.

Era una bolsa para un posible mareo.

Tengo que admitir, que finalmente la bolsa la dejé en un lado, además, Thierry es un caballero. “¿Quieres que me lo tome con calma la primera pasada?”, me pregunto.

“No, a toda pastilla”, le conteste temblando de miedo. “No tienes que preocuparte, sé lo que hago”, me dijo.

A medida que nos acercábamos a la salida, mi miedo al descontrol se iba aminorando. Estaba siendo asumida por una terrible emoción. Creo que fui un poco loca, porque en la salida le canté a Neuville las cuenta atrás tal y como hace Nicolas Gilsoul.

Y lo hice en francés (lo sé, me da vergüenza escribir sobre ello).

El rugido del motor y la sensación de aceleración desde la salida fue espectacular. Todo queda atrás y sucede muy rápido, tu cerebro tiene dificultades para mantener el ritmo.

Es velocidad pura, reacciones rápidas, ritmo, cambios de dirección, frenadas, todo era nuevo para mí y estaba asombrada. No me esperaba que gritase tanto y me animase tanto como lo hice. Simplemente no podía conmigo misma, fue increíble.

Thierry es un verdadero showman, derrapamos, saltamos, hicimos todo el tramo a fondo y siempre fue encantador.

Estuve compartiendo coche con él unos 15 minutos antes de subirme con Juho. Era su primera pasada del día y me dijo que íbamos a dar tres, una de reconocimientos y dos a tope.

Cuando nos aproximamos a la línea de salida, la lluvia empezó a caer. “Creo que necesitamos el limpiaparabrisas”, dijo Juho. “Voy. “Cuál es el botón de limpiaparabrisas…”, y con esa situación mis miedos volvieron a desaparecer.

El “reconocimiento” de Juho no fue nada lento. Su rito fue espectacular y muy agresivo. Realmente asombroso.

Fue un autentico placer compartir coche con los dos pilotos. Estaba embriagada de emoción en las horas posteriores y dando las gracias a todos, desde el equipo a todos los integrantes por permitirme vivir esta experiencia.

Y, ¿sabéis qué?

En el coche dije “para el coche ahora”, pero sí, “no pares el coche nunca”.


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